Chile vuelve a reinar sin cambiar el guión

4 de julio de 2015, Santiago. Argentina busca batir a Chile en casa del país enemigo y ante una afición volcada con La Roja. 22 años de sequía en la Copa América para la selección que ahora dirige el Tata Martino y que, como no puede ser de otro modo, lidera Leo Messi. Partido cerrado, 0-0 y penaltis. Decide Alexis Sánchez, conocedor de que la victoria está más cerca que nunca, con un golpeo suave en el lanzamiento decisivo. Chile llora de alegría y la albiceleste se hunde sabiendo que tendrá que esperar, como mínimo, otro largo año más para romper esa nefasta racha. El país con una de las generaciones más prometedoras e ilusionantes del planeta sigue sin tener un fútbol ganador. 


El fútbol y su historia son caprichosos. Argentina, al contrario de lo que otros muchos han hecho tras derrotas a la altura de la suya en Chile 2015, volvió a intentarlo con todos los medios y se plantó en la Copa América Centenario de USA 2016 con el claro objetivo de levantar al fin el trofeo. Nadie parecía más preparada. Incluso Chile, tras años practicando el fútbol más intenso y correoso del mundo, dejaba muchas dudas en su primer gran torneo sin Sampaoli. A Pizzi le costó arrancar, empezó perdiendo en la fase de grupos precisamente contra una Argentina mejor organizada, con las ideas claras y capaz de jugar rápido en campo contrario aún teniendo a Leo lesionado. Pero poco a poco Chile volvió a ser la de meses atrás. Compacta en defensa, con jugadores en el medio dispuestos a correr metros y metros sin parar y encontrando la pegada arriba con un buen Alexis y un Vargas que se encuentra comodísimo vistiendo esa camiseta. 0-7 a México tras un partido brillante en el que dejaron fuera al gran tapado de la competición y 0-2 a Colombia para volver a la final. De nuevo ante Argentina, el equipo con más producción ofensiva del continente. Pero daba igual, habían recuperado su identidad y eso implica competir como nadie. 

El fútbol y su historia son caprichosos. El partido fue muy similar al que se disputó 12 meses atrás en Santiago. Los argentinos trataron de igualar la entrega física chilena y se jugó poco. Sólo Messi buscaba algo distinto rompiendo la pareja de pivotes y poco tardó en lograrlo. Roja a Marcelo Díaz y Chile con 10. Todo apuntaba a que el dominio iba a pasar a ser de los del Tata y que Banega aparecería cada vez más junto a Messi para aprovechar el hueco que les diera la opción de venganza. Ese hueco que Higuaín ya había encontrado para plantarse solo frente al portero pero que volvió a desperdiciar como ya hizo en la final del Mundial de Brasil. Porque el Pipa es un 9 como la copa de un pino, pero sus errores en partidos grandes le eclipsan. La echó fuera como hizo con su penalti en la final de la última edición. Tres acciones que le acompañarán toda la vida. 



Por suerte para los de Pizzi, Argentina no tuvo tiempo de adueñarse del encuentro. El árbitro, con ganas de protagonismo y tras expulsar a Díaz en una segunda acción polémica, decidió compensar y también castigó en exceso a Rojo. 10 contra 10, igualdad de nuevo y todo volvía a empezar. Con ello, Chile mejoró. Jara, que se salió, y Medel ganaron en precisión durante la segunda parte y Vidal, Aránguiz y Fuenzalida recibieron en mejores posiciones. No les bastó para llegar con claridad al área rival a pesar del desgaste de un Alexis que no dejó de tirar desmarques y de presionar porque a Chile le faltaba ese jugador que hiciera de enlace, ese Valdivia que encontrara el espacio para el último pase. De todos modos, no importó. Argentina estaba incómoda y solo Messi lo intentaba con acciones de demasiados metros, con muchos rivales encima y sin compañía. Incluso en la prórroga, con la medular rival más desgastada y un Vidal obligado a multiplicarse, Leo no recibió ni un balón claro en zona de castigo. Los penaltis volverían a decidir tras otra final de mucho contacto y poca alternativa. 



El fútbol y su historia son caprichosos. Volvió a llorar de alegría Chile tras la tanda y Argentina se hundió de nuevo. Eso sí, ambas emociones se vivieron con más intensidad. Porque Chile, antes de que arrancara el torneo, era una incógnita y porque Argentina soñaba con que su capitán levantara el trofeo. Pero fue Bravo el encargado de recibir la copa y alzarla bien arriba tras cuajar una fase final descomunal y disipar las dudas sembradas en la fase de grupos. Y mientras, Leo lo veía todo desde el banquillo, con el rostro bañado en lágrimas. Otra vez a las puertas, otra vez en la final y encima fallando su penalti. Se sentía más responsable que nunca. Tanto como para hacer pública su retirada de la selección. Una retirada que nadie sabe si se hará oficial, si será para siempre o si, como ya hizo el gran Diego Armando Maradona, únicamente significará un descanso. Lo que sí está claro es que el mejor jugador del mundo vive, junto a su país, una especie de gafe que ya dura 23 años y que ayer, acompañado de una exhibición táctica del equipo nacional más difícil de batir de América, hizo que Chile reinara de nuevo. 

Fotos: Liga Futbol y Depor.com

This entry was posted on 27/6/16 and is filed under ,,,,,,,,,,,,. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0. You can leave a response.

Leave a Reply