El pasado sábado pudimos disfrutar de una final diferente a la de los últimos años. Esta gran cita del fútbol europeo celebrada en el Estadio Da Luz de Lisboa tuvo de todo: emoción, tramos de igualdad y de superioridad, errores y sobretodo mucha intensidad, probablemente más de lo normal en este tipo de encuentros a causa de la rivalidad que existe entre ambos equipos.
El partido comenzó tal y como se esperaba. Mucho respeto entre merengues y colchoneros y pocos espacios atrás para evitar recibir un primer gol que iba a ser clave. Los del Cholo, tras un error garrafal de Casillas, que no mostró síntomas de seguridad durante los 120 minutos, lograron este primer paso tan importante y con ventaja en el marcador todo se les ponía muy de cara. El Atlético ha conseguido controlar a la perfección los partidos en los que se ha avanzado durante toda la temporada, y éste ha sido uno de los factores por los que los rojiblancos se han llevado la Liga, siendo más regulares que los de Ancelotti y que el Barça de Martino. Además, en la segunda parte, el Madrid tendría menos espacios, si cabe, para amenazar la portería de Courtois, y durante todo el curso hemos visto como a Ronaldo, Bale y compañía les cuesta más sacar ventajas en espacios reducidos.
Pero el físico, que ha llevado a los de Simeone a realizar su mejor temporada de la historia del club, no aguantó. La sustitución de Costa en el minuto 9 de partido dejó al míster argentino sin un cambio y el equipo notó la falta de pulmón en la segunda mitad, sobretodo en los 20 minutos finales. Ancelotti ganó su particular duelo con el entrenador colchonero gracias a unos cambios que revolucionaron el choque. La entrada de Isco para asociarse con el gran Módric fue fundamental, y las incursiones de Marcelo, menos defensivo que Coentrao pero mucho más determinante en ataque, por la banda izquierda con Di María por delante desequilibraron la gran final. Pese al asedio madridista y la floja participación de jugadores colchoneros como Sosa o Adrián, que apenas tuvo espacios entre Varane y Ramos, el Atlético aguantó hasta el tiempo de descuento. Pero el gol de Ramos mató todas las esperanzas de los del Manzanares a falta de dos minutos y redujo de forma drástica sus opciones para proclamarse campeones del viejo continente. Lo que sucedería en la prorroga era fácilmente pronosticable.
Los últimos 30 minutos de esta edición de la UEFA Champions League fueron totalmente para el Madrid. Los blancos, ahora sí, lograron encontrar espacios a la espalda de la línea defensiva del Atlético y el choque se decantó del lado de los del Bernabéu gracias a los goles de Bale, Marcelo y Cristiano. Llegó la ansiada décima con un resultado excesivo pero no injusto.
Creo que la resistencia física de los del Cholo, que tan buenos resultados les ha dado durante una campaña inolvidable, esta vez no fue suficiente. Simeone no estuvo afortunado alineando a Costa en el once inicial de la final y al final el equipo lo notó pese al partidazo de Gabi y la solidez que mostraron jugadores como Koke, Miranda, Godín o Tiago. La mayor calidad de jugadores como Módric o Di María y el desborde de Bale y de Ronaldo en jugadas puntuales privaron a los rojiblancos de un sueño del que han despertado. Al final pagaron cara su inexperiencia en grandes citas.
La orejona cierra una buena temporada global para el Madrid, con una Copa y una Champions más en sus vitrinas, aunque sin lograr una superioridad desmedida sobre sus principales rivales. La increíble temporada del Atlético contrasta el bajón blaugrana y deja el panorama del fútbol español con tres grandes clubes en la élite europea. La superioridad de estos clubes muestra que el fútbol del país está en la élite europea y pudimos comprobarlo en la final del pasado sábado. La pregunta es: ¿Seguirá el dominio español en el Mundial de Brasil?