8 de febrero, domingo. Aproximadamente las 11 de la noche. Costa de Marfil lograba, al fin, convertirse en campeona del continente africano tras una igualada y disputada final contra Ghana. Hicieron falta 22 lanzamientos desde el punto de penal y la aparición de un héroe inesperado (Barry Copa, portero suplente de la selección de Renard) para determinar quién era el campeón de un torneo que, una vez más, ha mostrado la magia que tiene este deporte y toda la pasión que puede llegar a levantar pese al poco fútbol que hemos podido ver en él.
Sí, este es el final de la historia de esta edición de la Copa África. Pero para llegar a él han sucedido muchas cosas que también debemos destacar. Como ya hemos dicho, ha sido un torneo con poco fútbol. Quizás menos del esperado. Los pequeños equipos optaron por recurrir al poderío físico que han demostrado tener todos los combinados participantes y los grandes del continente han confiado más en la presencia de sus grandes estrellas. Curiosamente por ésto sorprende la eliminación en fase de grupos de una selección como Gabón, liderada por un Aboumeyang que era y sigue siendo, teóricamente, superior al 90% de los defensas africanos. Pero ésta no fue la única sorpresa. La ilusión y fe de un país tan modesto como Guinea Ecuatorial, la anfitriona, llevó a Balboa y compañía hasta unas semifinales que nadie esperaba. Es cierto que dos decisiones arbitrales marcaron claramente sus dos partidos clave para llegar a dicha ronda pero no podemos quitarle mérito a un equipo que logró algo impresionante. Pero éstos dos ejemplos no fueron los únicos elementos positivos que nos ha dejado el campeonato. Debemos alabar las buenas actuaciones de hombres como Atsu (MVP del torneo), Chikhaoui, Ayew, Mensah o Mbokani.
Sí, es cierto que probablemente sirva de bien poco lo que acabamos de nombrar si al final una de las selecciones que se presentaba como la máxima candidata a la gloria junto a Argelia, a la que eliminó en cuartos en una final anticipada, se lleva el trofeo. Sorprende que no hayamos destacado los nombres de los grandes referentes ofensivos de la campeona (Gervinho, Yaya Touré, Bony, etc.) y debemos reconocer que si tuviéramos que decantarnos por un 11 ideal de esta CAN 2015 deberíamos incluir, al menos, a los dos jugadores del City, pero es que, realmente, no han rendido cerca de su máximo nivel. Cuándo el equipo necesitó que tiraran del carro allí estuvieron (el partido contra Argelia es el mejor ejemplo de ello) y cuándo no, simplemente colaboraron en mantener la solidez que, al fin y al cabo, les ha llevado a lo más alto. Ellos fueron claves, y más en un equipo tan marcado por la figura de la leyenda Drogba, pero no podemos olvidar el papel del veterano Kolo Touré, de Aurier, de Serey Die o de uno de los centrales más prometedores del momento, Bailly.
Para todo lo demás pongan a un Barry Copa en su vida. El portero suplente de la plantilla costamarfileña tuvo que suplir la baja del guardameta titular en semifinales y acabó decidiendo una final que comenzó siendo apasionante pero que se convirtió en un choque entre dos equipos que no querían cometer un error que les condenara gracias a sus paradas y a su inolvidable gol desde los 11 metros. Costa de Marfil puede estar de celebración. No se me ocurre mejor modo de comenzar a despedir a su generación dorada que con nada más y nada menos que el título de campeón de África.