Viendo la debilidad del Schalke cuando Di Matteo cogió las riendas del equipo en octubre, nadie podía decirle que su paso por Alemania fuera a ser de mucha facilidad. El conjunto entrenado por el italiano no jugaba bien y sigue sin hacerlo, pero el ex del Chelsea logró darle la solidez defensiva que necesitaba. Con ella, únicamente faltaba confiar en la calidad de los hombres clave ofensivos que años atrás había bastado para salvar, en parte, las distancias con los equipos TOP del país y del continente. Si el equipo lograba llegar a 2015 mostrando consistencia en líneas defensivas y Draxler, Farfán y Boateng conseguían dejar destellos de calidad, el italiano habría logrado iniciar la reconstrucción de un equipo que se encontraba en horas bajas.
Lo cierto es que el fútbol del Schalke, como hemos dicho, no ha sido para nada vistoso. Mucha contención. Para colmo, Draxler se lesionó de gravedad, dejando al equipo sin su líder en zonas de creación cercanas al área rival y lo que, por edad, se podía esperar, se produjo. Boateng y Farfán, sumándose a un Sam que no está inspirado, perdieron la superioridad física que antes hacía que se hablara de ellos en cada resumen de Bundesliga de los domingos por la noche. Únicamente Huntelaar y su olfato goleador seguían funionando. Problemas serios para Di Matteo, con el equipo lejos de la zona alta de la tabla y con el Madrid esperando para hacer sangre en octavos de Champions. Pero, pese a ello, el fútbol también es sorpresa y la aparición de jugadores que despiertan ilusión pueden llegar a cambiar la tendencia negativa que vive un club que no pasa por su mejor momento. Y ésto es lo que han logrado Sané y Meyer, ambos jugadores de 19 años, con su ''repentina'' aparición en Gerselkichen.
Sí, el meritorio partido del Schalke ante el Madrid en el Bernabéu y la magnífica actuación de ambas promesas demuestra el valor de Sané y Meyer, pero son mucho más. El primero es un jugador vertical, rápido y ágil de movimientos pese a sus 1,84 m. Técnicamente bien dotado, es difícil de parar cuando encara a portería y, para redondearlo todo, tiene un disparo con su pierna izquierda que en las categorías inferiores del Schalke ha sido siempre letal. La vuelta de octavos de Champions lo demostró y Casillas lo sabe bien. Por su parte, Meyer es un jugador de características más creativas pero por posición ambos se asemejan bastante. Pueden jugar en ambas bandas o por detrás del delantero, dónde Sané explota su capacidad física y vertical y dónde Max Meyer aprovecha su calidad técnica, de desequilibrio, que siempre van acompañadas de una precisión en el pase que nos hace recordar al mismísimo Xavi y de una llegada a posiciones de peligro que, como a su compañero, siempre le ha permitido sumar buenas cifras de cara a gol. Pequeño (1,69 m.) y muy hábil. Un jugón.
Dos nuevos cracks que se suman al ''club'' de talentosos que hasta ahora lideraba Draxler en solitario. Dos nuevos cracks que ya cuentan en los planes internacionales de Löw y que tienen mucho tiempo aún para pulirse del todo. Señores, nos encontramos ante dos jugadores perfectamente capacitados para liderar el juego de entre líneas de un grande europeo durante los próximos años y que, curiosamente se encuentran en un club dónde el ''catenaccio'' y la falta de juego se han convertido en protagonistas. Un factor más para plantearse la opción de que ambos, juntamente con Julian Draxler, abandonen un club en el que se están olvidando de jugar para lograr unos objetivos que siguen pareciendo lejanos. Si yo fuera el encargado de cualquier equipo europeo con ganas de hacer un buen juego no me lo plantearía y estudiaría la opción de darle una oportunidad a alguno de los dos porque mi equipo lo agradecería y ellos también. Dos hombres con mucho que ofrecer si disfrutan del balón. Dos hombres cargados de talento para hacer algo grande lejos de un estilo que los frenará si las cosas no cambian por el Veltins-Arena. Este Schalke puede dar mucho más y tiene la obligación de explotar todo lo que esta generación de jóvenes fueras de serie le puede dar.