Brillante. Así calificamos la temporada 2013/14 del Atlético de Madrid. El Cholo logró llevar al peldaño más alto del panorama furtbolístico a un grupo de jugadores que hasta el momento parecían estar un paso por debajo de los más grandes. A base de la intensidad sin balón que impuso, de saber llevar todas las fases de los partidos a su terreno y de lograr que su equipo jugara como un auténtico bloque, el entrenador argentino fue vital para que hombres como Koke, Diego Costa, Arda, Godín o Filipe Luis fueran considerados futbolistas del más alto nivel. Pese a ello, en verano, el dinero pesó demasiado y la plantilla perdió calidad con ventas como la del 9 hispanobrasileño o Filipe al Chelsea y el retorno de Courtois a la Premier. En septiembre, a inicios de campaña, parecía prácticamente imposible que el equipo pudiera volver a pelear con Barça y Madrid en España y luchar por llegar a semis en Champions pero parece ser que un tal Antoine Griezmann no estaba, ni está, muy de acuerdo con ello.
Nadie duda de que el papel con el que llegó el francés al Calderón era de dificultad máxima. Hacer olvidar a un nueve que se convirtió en básico y necesario no es para nada fácil y durante los primeros meses pareció que semejante tarea les podía venir algo grande a Griezmann y a Mandzukic. Pero el tiempo, una vez más, ha vuelto a darle la razón al monstruo de Simeone. Con la alternativa de Torres en el banquillo, los fichajes del croata y del ex de la Real Sociedad han logrado crear una sociedad arriba que funciona con creces. Los más de 40 goles que llevan entre ambos, la demostración perfecta. Y atribuyo gran parte del mérito al entrenador argentino porque creo que Mandzukic, en solitario, no era futbolista para este Atlético. Lento y estático. Características, a priori, poco compatibles con un estilo en el que más de la mitad de los partidos se van a disputar buscando el espacio y la velocidad para hacer daño a la espalda de la zaga rival. Pero Griezmann le da la vida a este Mandzukic. El francés le permite seguir jugando a lo que el croata jugaba en el Bayern. El 9 fijo lucha con los centrales, baja balones y hace de rematador en el área. Por su parte, Antoine desequilibra, se asocia con el mago que es Arda Turan y con Koke y su guante en el pie derecho. Dos delanteros totalmente distintos que juntos y gracias, en gran parte, a las decisiones de un genial entrenador, han logrado crear una dupla de la que Griezmann se está aprovechando a la perfección. Temporada descomunal del internacional galo.
Y es que ese jugador que con 21 años ya deslumbraba en Anoeta está en estado de gracia. Cuando el equipo roba y le encuentra es imparable y a ello hay que añadirle un acierto de cara a puerta rival que está dando miedo. Él le está dando sentido al juego de un Atlético que, obviamente, no es el del año pasado pero que tampoco está tan lejos de su mejor versión como algunos pensaban cuando Costa hizo las maletas para irse a Stamford Bridge.
Hasta ahora, con sus 23 goles y su continua participación en el fútbol de ataque de los rojiblancos, Griezmann ha sido una de las piezas clave para que su equipo siga vivo en Champions y se mantenga en esa frenética lucha con Valencia y Sevilla por tener billete para la edición de la próxima temporada de la máxima competición europea. No puedo imaginarme al Atlético jugando, ni siquiera, fase previa de la Champions si el francés sigue a este ritmo y dudo mucho que afloje teniendo en cuenta el momento vital de temporada en el que nos encontramos y el bestial futbolista en el que se está convirtiendo. Ahora mismo hay pocos más determinantes que él, y menos aún con su edad. Por proyección y por su estado actual, por el Calderón pueden, y deben, estar de celebración porque con Griezmann tienen un auténtico tesoro. De todos modos, veremos si en verano el dinero vuelve a pesar demasiado.