No vamos a negar que Guardiola llegaba a Barcelona con un equipo mermado por las bajas y que el nivel de este Bayern sin Robben y Ribéry desciende, pero estaba claro que Pep tenía algo preparado para hacerle daño al Barça. Y así fue. El favoritismo que algunos otorgaban a los de Luis Enrique se difuminó una vez empezó el partido gracias al acierto táctico del de Sant Pedor.
La clave era ahogar a Busquets y adueñarse del centro del campo blaugrana. Y para ello Pep llenó la medular de hombres capaces técnicamente y con un buen pulmón (Lahm, Thiago o Bastien, añadiendo el apoyo de Müller y Lewandowski). Cierto es que la velocidad de los tres de arriba del Barça, sumada al buen momento de Rakitic con balón y en presión, a la mejora de Iniesta y al partidazo de Alves, puede desmontar cualquier plan y las primeras ocasiones de Neymar y Suárez lo demostraron. Pero ni con esas la gente que estaba en el Camp Nou se olvidó de que el Bayern aún estaba ahí. No creaba peligro pero poco a poco se salía con la suya y los locales retrocedían metros en el campo. Hasta que apareció él.
Y, ¿quién es él? Respuesta fácil. El de siempre. El más grande, el más listo. Guardiola ya dijo en la rueda de prensa previa al partido que nada ni nadie es capaz de parar a Messi cuando éste está bien y Leo se encargó de darle la razón al entrenador que le convirtió en gran parte de lo que es.
Dos balones en la frontal, con tres minutos de diferencia entre ambas jugadas, le bastaron para matar el partido y más de media eliminatoria. Pero no sólo eso. Con ese disparo potente y raso y, posteriormente, con esa acción para la historia que acabó con una vaselina para superar a un Neuer que había estado colosal, Leo destrozó toda estrategia útil durante más de 70 minutos. Y la cadera de Boateng. La cosa fue de destrozos, pues.
Y es que Leo tiene eso. Su partido estaba siendo excelente pero faltaba una de las suyas para recordar a Guardiola y a los alemanes que esta vez los que querían estar en la final eran los de blaugrana y que había ganas de venganza tras aquel 7-0 global en semis de 2013. Pero a nadie le sorprende ya que Messi haga obras de arte como la que ayer firmó para darle el triunfo a su equipo. Cuando no está, cuando no es su día, es el más peligroso de todos. Pero es que cuando sí está, en noches como la de ayer, Messi supera a todos y a todo. Y deja claro que cualquiera que mire todo esto del fútbol desde un punto de vista neutro tiene claro quién es el mejor. Pero no sólo de hoy. De siempre, porque no vi a Maradona, ni a Pelé, ni a Cruyff, pero me parece imposible hacer lo que este hombre hace.

Por suerte para todos los amantes de este deporte, el panorama actual está lleno de ''monstruos''. Muchos de ellos son grandes jugadores en el apartado ofensivo. Hombres que se hacen prácticamente imposibles de parar cuando entran en el área. Pero es que Leo es imparable dentro y fuera del área. Lejos de portería, cuando se pone a dirigir, también es superior, también es determinante, y allí es donde jugará cuando se canse de deslumbrar en banda o detrás del delantero. Y allí, en posiciones de creación, seguirá mejorando a sus compañeros y, obviamente, seguirá haciendo grande su nombre.