Cuando el fútbol te debe una

Las Palmas ya sabía lo que era la crueldad que muchos equipos experimentan en los tramos finales y decisivos de cada campaña y de la que hablé hace ya unos días con el caso del Girona. Difícil olvidar lo vivido hace justamente una temporada en el Estadio de Gran Canaria, en un partido en el que a falta de 1 minuto Las Palmas ya era equipo de Primera y la afición lo celebraba invadiendo un campo que, instantes más tarde, quedaría completamente mudo a causa de un gol de Dávila para el Córdoba que metía a los andaluces en la máxima categoría española y despertaba a los isleños de un sueño que pensaban que no volverían a vivir durante mucho tiempo. El fútbol, pues, le debía una a este equipo, por ello y por la excelente temporada, sobretodo en casa, que han hecho los de Paco Herrera. 


Apostaría a que ayer, Valerón y compañía, saltaron al campo pensando en lo ocurrido hace un año. Tenían, seguro, un sentimiento de venganza, de querer lograr al fin el objetivo, que les debía ayudar a remontar una eliminatoria final que parecía complicada. Y es que enfrente estaba el Zaragoza. Un Zaragoza venido de menos a más, que arrancó este Play Off en el que se metió ''por los pelos'' con una derrota en casa por 0-3 ante el Girona de Machín y que tras aquella espectacular remontada en Montilivi se había crecido. Pero mucho. Lo demostró con ese 3-1 en una Romareda brutal, repleta, y que dejaba a los de las Canarias tan cerca, otro año, de quedarse a las puertas de un ascenso histórico. 

He dicho tan cerca, sí, porque para nada estaba cerrada la eliminatoria si quedaba volver al Estadio de Gran Canaria, donde hacía un año acabó todo. Ayer, allí, también acabó todo, es cierto, pero con un final muy diferente. Con un final dulce, sufrido y que se cerró con la euforia de toda una isla tras el pitido final del árbitro. Un pitido final que daba por bueno el gol del acertadísimo Araujo (tengo muchas ganas de verle en fútbol de máximo nivel) en el 85' que mataba prácticamente del todo a un digno rival. Un Zaragoza que, pese a vivir una temporada llena de altibajos, se sobrepuso a todo y con una plantilla joven (mucho ojo a jugadores como Vallejo, Willian José o Bono) y mermada por lesiones como la del vital Borja Bastón, luchó hasta el final. Quizás sin un fútbol brillante y vistoso, pero con una plantilla repleta de jugadores que se entregaron al máximo para devolver a su equipo a la división a la que históricamente pertenece. No tengo duda de que el año que viene, el conjunto de Popovic volverá a estar ahí. 


Las Palmas vuelve a Primera tras 13 años de lucha y superación. Es cierto que Paco Herrera tiene, ahora, mucho trabajo por delante. Su equipo parece estar lejos de poder competir con equipos de zona media y zona alta de la Liga BBVA (la diferencia entre ambas divisiones me sigue pareciendo escandalosa), pero nunca se sabe que sucederá con estos conjuntos que llegan a los grandes estadios de nuestro fútbol cargados de ganas e ilusión. Mantener esa solidez y regularidad que sí lograron tener en casa y mejorar el grado de competitividad lejos del Estado de Gran Canaria, además de, obviamente, algunos esfuerzos económicos para incorporar jugadores que puedan marcar la diferencia en todas las líneas, serán algunas de las claves para que este equipo y su afición sigan soñando. El fútbol es un deporte para eso, para soñar, y lo de ayer es un claro ejemplo de ello. ¡Que siga la magia!

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