Los fantasmas de Montilivi

Siempre digo que ''fútbol es fútbol'' y muchas veces este deporte nos regala momentos únicos, momentos poco esperados que desatan la locura entre aquellos que lo seguimos. Momentos que, por suerte o desgracia, emocionan a unos y hunden a otros. Y con todo esto vengo a referirme a lo que ha sido la increíble andadura del Girona en esta temporada 2014/15: una locura continua que llegó a pintar de forma excelente para los catalanes y que acabó con doble desgracia. Porque lo que ha vivido el club de Montilivi durante este final de campaña demuestra, una vez más, que en el fútbol todo puede pasar y que, aunque hay mil y una formas de ganar, también las hay de perder. En este caso, todos pudimos ver el lado más amargo de todo este mundo. 


Recuerdo pocos finales tan emocionantes y apretados como el que tuvo esta fase regular de Liga Adelante. De hecho y con el perdón de esos goles que han salvado a más de uno y dos equipos del infierno del descenso en España en los últimos años, me atrevería a decir que esa jornada 42 de Liga Adelante fue lo más sorprendente que he visto en la última década del panorama nacional. Y es que esos últimos 5 minutos en todos los campos de 2ª bastaron para que pudieramos ver la salvación del histórico Osasuna, el descenso del Racing y el regreso del Sporting a Primera a costa del Girona. Un Girona que jamás olvidará este fin de curso. 

Porque ¿cómo vas a olvidar un año en el que has pasado de ser un equipo de zona media/baja a colocarte entre los grandes de una de las competiciones más exigentes y duras que existen? El trabajo de Pablo Machín en el banquillo dirigiendo a una plantilla que ha trabajado de forma excelente dio su fruto. Isaac Becerra bajo palos, una defensa que ganó en experiencia y regularidad con hombres como Ramalho, Richi o Lejeune y el equilibrio en el centro del campo entre juventud y descaro y madurez y serenidad (Pere Pons, Amagat, Granell, Miguel Ángel...). Todo ello para servir a un sector ofensivo que se salió. Porque Sandaza, Felipe Sanchón y Jaume Mata resultaron prácticamente imparables para todas las defensas de esta división de plata (39 goles entre los tres). En resumen, una plantilla notable que luchó y evolucionó a las órdenes de un buen técnico para acabar haciendo una campaña inimaginable. 


Pero todo ello no bastó. El Girona llegó al último encuentro, en casa frente al Lugo, dependiendo de sí mismo para conseguir un ascenso meritorio y probablemente justo. Lamentablemente (no hablaré de maletines, primas y corrupción porque no creo que todo ello deba tener protagonismo dentro de un deporte tan bonito como es el fútbol), la inexperiencia y el saber controlar los nervios en los minutos clave dejaron fuera a los catalanes de ese ascenso directo en los últimos instantes del choque. Un golpe que parecía definitivo y que probablemente hundiría del todo a los de Montilivi. No fue así. Los de Machín llegaron a toda una Romareda para jugarse la ida de las semis del Play-Off de ascenso sin miedo y fueron de lo más eficaces en un partido parejo. Un 0-3 para despertar de nuevo un sueño del que ayer, con todo de cara para llevarse el billete que daba acceso a jugar la final con Las Palmas, el equipo volvió a despertar. 1-4 para los maños, otro ataque al corazón para los hinchas del club rojiblanco, y una prueba más de que para rematar semejantes temporadas hay que estar hecho de una pasta especial. Ya puedes salirte durante 8 meses que si llega mayo y te tiemblan las piernas, toda ilusión se hunde. La flaqueza, el poco acierto en los momentos vitales y la falta de experiencia en minutos de tensión de una plantilla joven pesaron en exceso y devolvieron a la realidad a un conjunto que, ojalá me equivoque, muy difícilmente vuelva a vivir algo como lo que le ha sucedido en este 2014/15. Un ejemplo más de que este deporte, como todos, también tiene un lado de lo más cruel. 

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