Pitido final, invasión de campo por parte de los jugadores, entrevistas, fotos, copa al cielo, medallas y fiesta para celebrarlo. Felicidad en un equipo, un grupo de profesionales que acaban de convertirse en campeones de Europa en categoría Sub 19. Muchos halágos, pocas críticas y un sin fin de artículos en los que se destaca el enorme potencial de un grupo de jóvenes futbolistas. Todo ello acompaña a cada uno de los triunfos de las selecciones y clubes campeonas de los torneos de categorías inferiores o absolutas, es inevitable y del todo merecido. Debemos elogiar a estos fantásticos combinados que sitúan en el TOP al conseguir algo que muy pocos alcanzan, pero también analizar la evolución de cada uno de estos equipos y de sus miembros en unas competiciones que nos dejan una enorme cantidad de aspectos interesantes en poco tiempo. En el caso de esta España, que ayer se proclamó campeona de Europa, no hay que olvidar que uno de los puntos de origen, probablemente el más importante, fue una derrota. Una derrota ante la víctima en la final. Una derrota que hizo crecer.
Sivera, un seguro bajo palos, Vallejo, para mí el mejor central de menos de 20 años del viejo continente, Merino acompañado en el centro del campo por Dani Ceballos, ese bético que acaba de enamorar a toda Europa tras cuajar una fantástica temporada en Sevilla, el desequilibrante y creativo Asensio por delante y Mayoral, el ''gol'' de la cantera blanca, arriba. Algunos de los motivos por los que la selección española de Luis de la Fuente llegaba al europeo de Grecia como la favorita. Pero los inicios no fueron fáciles y el físico hizo tambalear al combinado que estaba llamado a alzarse con el trofeo en la final. 4 puntos en la fase de grupos inicial en la que España sólo fue capaz de ganar a Alemania. Otro empate ante Holanda y, entre ambos partidos, el encuentro que lo cambió todo. Derrota por 3-1 ante la Rusia que se enfrentarían en la final. Muriendo a la contra y sin saber defender al espacio. Perdiendo el balón rápido. Poco cerca del área rival. El hundimiento. O no.
Los de De la Fuente llegaban a las semifinales con la sensación de que había mucho por mejorar y poco tiempo para ello tras la debacle ante Rusia. Y enfrente estaba Francia, otro equipo que con Coman y Dembelé podía ser letal en un partido de carácter físico y que atrás iba a ser difícil de superar. Pese a ello, vimos los primeros indicios de la recuperación de una España que ya demostró, mediante un Ceballos sublime (no sólo con el balón, que también, sino también en tareas defensivas), que comenzaba a tratar mucho mejor el balón. Choque sufrido y la aparición de un estelar Asensio en los minutos finales, que con dos contras destrozó a la selección gala. A la final. Otra vez Rusia como rival.
Pero esta vez la cosa iba a ser muy distinta. Espectáculo y genial trabajo de España para no volver a repetir el desastre de esa segunda jornada. El equipo mejoró tácticamente y disputó su mejor partido para acabarse alzando con la copa y imponiendo esa calidad que ya les atribuyó, en los comienzos de esta Euro Sub 19, un favoritismo engañoso y que conllevaba mucho peligro. Ceballos, Dani para los que le hemos seguido durante el campeonato, no se escondió y lideró a los suyos para minimizar a un combinado ruso que esperó a tener ese espacio, esa contra para repetir aquella genial actuación que les llevó a ser líderes de grupo. Pero no. Esa ocasión no llegó porque España sí supo tener el balón y darle esa pausa. 2-0 (Mayoral y Nahuel) y campeonato de Europa al bolsillo. Justo y merecido. El resultado, el torneo y todos esos elogios a hombres como Ceballos, Asensio o Vallejo por hacernos creer que en vez de 18 o 19 años tenían 25. Una madurez y un talento innato que les colocan, sin duda, entre lo más prometedor del fútbol europeo. Debemos reconocer que ha sido un auténtico lujo poder disfrutar de ellos durante estos días y que también lo sería poderlos ver cada fin de semana en los estadios de la Liga BBVA. ¿Lo mejor? Que no tardarán mucho, creo, en satisfacer ese capricho que muchos tenemos.