8 de julio de 2014. Estadio de Mineirão. Alemania le endosaba 7 a la selección de Brasil y acababa con toda la ilusión de un país que se había volcado con sus jugadores y que creía que ese Mundial, en casa, supondría el regreso a la cima del fútbol de una ''canarinha'' que llevaba ya demasiados años sin bailar samba. Tras el fracaso y la demostración de que el desaprovechamiento del talento llevado a cabo por Scolari no era el camino, Dunga cogió las riendas del equipo con el objetivo de cambiar por completo la ''fórmula Felipão''. Un hombre que ya había sido seleccionador de Brasil, criticado tras la decepcionante participación de los suyos en el Mundial de Sudáfrica. ¿Podía funcionar, esta vez, la cosa con Dunga?
La andadura brasileña en esta Copa América 2015 de Chile ha bastado para darnos cuenta de que no. Al menos de que el plan propuesto por Dunga tras su regreso tampoco es el camino. ¿Por qué? Primero de todo, por resultados. Ese primer triunfo ante Perú, sufriendo ante una selección que, a priori, tenía mucho menos que Brasil, esa derrota ante Colombia, con un juego pobre escondido y disimulado entre tanganas, discusiones y expulsiones y de nuevo otra victoria más sufrida de la cuenta ante Venezuela en la que, al menos, vimos algún tramo de notable juego colectivo. Una fase de grupos poco esperanzadora y para nada vistosa que llevó a Brasil a disputar los cuartos ante Paraguay. Unos cuartos que, de nuevo, supusieron la eliminación merecida de un Brasil sin vida, sin color. Aquella tanda de penaltis, aquel último lanzamiento del prometedor Derlis González fueron la firma definitiva de un adiós a esta Copa América que ya se intuía.
Dicen que, en muchos casos, los resultados son reflejo de un estilo, de una forma de ver el fútbol. Brasil lleva ya demasiados años sin ver el fútbol de esa manera que le pueda hacer triunfar y volver a recordarnos a los Ronaldo, Rivaldo, Ronaldinho y Roberto Carlos. Scolari y Dunga centraron el funcionamiento de sus equipos en una figura: Neymar. Un Neymar que sí, es capaz de desequilibrar, destrozar defensas y matar partidos porque ofensivamente es de lo mejor que hay en el planeta pero ha quedado claro que aún le falta madurez y cabeza para ser el único recurso de Brasil. De hecho ¿un país como Brasil debe depender de un jugador? Hay potencial de sobras para que la respuesta a esa pregunta sea no. Miranda y Thiago Silva atrás, jugadores como Luiz Gustavo (lesionado) en contención o Oscar y Coutinho en zonas creativas. Yo también creo que Brasil sigue teniendo un problema con la figura del 9 y que Firmino cerca de portería no es la solución (debe jugar unos metros más atrás) pero hay talento y calidad de sobras para que Neymar, acompañado de un grupo de sensacionales futbolistas y nunca en solitario, devuelva a Brasil al puesto que históricamente siempre ocupó.
Un fracaso más que debe ser, al fin, la prueba total de que los encargados de elegir a los seleccionadores o los estilos de fútbol que éstos seguirán llevan años equivocándose. Brasil volverá el día que se atreva a jugar, a querer el balón, a combinar y a no depender de una única figura (ya hemos visto que esa forma de entender todo esto fracasa en el momento que esa figura, por cualquier motivo, se borra o le borrran, se lesiona o le lesionan). Brasil volverá el día en que comience a fijarse en lo que fue y no opte por el resultadismo, el fútbol rácano lejano a una esencia, su propia esencia, que sí le hizo reinar.