Los clasificatorios para el Mundial o las Eurocopas. Fases previas que, siendo sinceros, se alejan y mucho de ese fútbol emocionante y disputado que nos viene a la mente cuando pensamos en grandes partidos. Liguillas que enfrentan a selecciones de un incalculable potencial con combinados que representan culturas en las que el fútbol no es (o no ha sido) un deporte de gran tradición. Es fácil, pues, pensar en grandes diferencias y abultados resultados a favor de los ''monstruos'' de cada continente. Pero, por suerte, los clasificatorios también nos dejan sorpresas, ¿o no habéis oído hablar del reciente caso de Islandia? ¿Su clasificación para Francia 2016 es algo fortuito e inimaginable hace unos meses o el merecido fruto de un tremendo trabajo?
En www.marcadorint.com hablaban, en un artículo publicado con motivo de la clasificación matemática de los islandeses para la próxima Eurocopa, de una creciente inversión en ''el deporte rey'' de este país. Instalaciones para combatir el duro frío de los inviernos y mucha confianza en entrenadores con la voluntad de hacer crecer el fútbol formativo de un país hecho a las derrotas y poco acostumbrado a ganar. Y todo ello se ha notado. Atrás queda un equipo que llegó a ser recordado por aquel ''Eidur Gudjohnsen y diez más'' y ahora toca mirar hacia el futuro. Un futuro, por cierto, ilusionante. Porque esa Eurocopa en Francia será el premio de consolidación al esfuerzo realizado, sí, pero también un más que probable nuevo punto de inicio que acabe del todo con esa expresión que ha hecho que a Islandia se la conozca por el talento de un único jugador que hasta hace poco no era suficiente.
República Checa, Holanda y Turquía, además de las menos contrastadas Kazajistán y Letonia, han sido las selecciones a las que ha superado el combinado de Lars Lagerbäck. Todo gracias a haber conseguido formar un bloque sólido que, disfrazado con un sistema de 4-4-2 en el que todos trabajan cuando no se disfruta de la posesión del balón, ha recibido muy pocos goles. Ragnar Sigudsson y Árnason, los dos centrales, han demostrado durante todos esos partidos, que pueden incomodar, y mucho, a cualquier delantero centro del más alto nivel gracias a su portentoso físico. Por su parte, hay que decir que el apartado ofensivo de los islandeses ha sorprendido. Pocos recursos pero bien aprovechados. A la magia de Gylfi Sigurdsson, principal baza en ataque, hay que añadirle el incontestable talento cerca del área de hombres como Sigthórson, un 9 fijo capaz de realizar buenos movimientos de espaldas a portería rival. En resumen, exprimir lo que hay y no escatimar en esfuerzos para acabar superando a selecciones con mucho más talento individual.
Queda claro que clasificarse para toda una Eurocopa no es algo que te vayan a regalar y más en un grupo en el que había rivales de entidad. Ese trabajo, iniciado hace prácticamente una década en ese sector del fútbol islandés menos visible y enormemente alejado de las grandes superestrellas o brillantes promesas ha funcionado y ha provocado que la ilusión de todo un país (pequeño y poco habitado, sí, pero país) vaya a más. Ni el frío podrá parar ese potente sentimiento generado por un grupo de, mayormente, humildes jugadores que ha enviado un mensaje al fútbol del viejo continente y del planeta entero. Porque cuando rueda un balón nada es imposible y más si se ha trabajado como lo han hecho en esa helada isla situada en el noroeste de Europa.