Puede resultar paradójico, pero creo que, pese a la sanción de la FIFA, el Barça se reforzó bien durante el pasado verano. Y sí, digo que se reforzó bien porque las incorporaciones de Arda y Vidal, que podrán participar en competición oficial a partir de enero, mejoran el nivel de un equipo que ya ganó todo lo ganable del curso anterior. Además, la inteligente reconversión de Sergi Roberto como lateral y las correspondientes renovaciones de jugadores clave que acababan contrato hacían presagiar, pocas semanas antes de que arrancara esta liga, que el Barça volvía a ser el rival a batir. Un rival a batir, eso sí, que debería sobrevivir durante unos meses (hasta el 2016, concretamente) a causa de esa justa plantilla que le podía pasar factura a la larga. Si durante esos meses de competición en los que se iba a esperar al centrocampista turco y al ya ex carrilero del Sevilla el equipo lograba mantenerse sólido y estructurado, los de Luis Enrique iban a estar en plenas garantías de volver a mandar durante la 2ª vuelta y la fase final de la Champions. Eso creía yo. Y eso creo.
Las cosas se han complicado. Y no, la accidental derrota del otro día en Balaídos ante un Celta magistral que logró algo que he visto hacer a pocos rivales de los blaugrana durante los últimos 7 o 8 años no tiene nada que ver. En Roma cayó Rafinha, dejando a Luis Enrique sin capacidad de modificar su once más competitivo, y hoy ha caído Messi. El rey, el jefe, el único que capaz de cambiar un partido. Por delante aproximadamente dos meses de competición (ya veremos si llega al Clásico) en los que el técnico asturiano va a poder dar pocos respiros a los Suárez, Neymar, Iniesta o Busquets. Y eso es peligroso. Que se lo pregunten a Ancelotti. Protagonismo obligado para Munir y Sandro, dos jugadores que están, hoy en día, lejos del nivel de un Barça en el que todo va al milímetro. Si sobrevivir hasta el parón invernal ya iba a ser difícil contando con todos los que estaban disponibles, el reto se dispara.
Sobrevivir físicamente, pero también sobrevivir a los rivales más directos. Por suerte para ellos, el Madrid de Benítez sigue sin acabar de carburar y el proceso de adaptación de los tres jugadores clave en ataque (Bale, Crisitiano y Benzemá) a sus nuevas posiciones juega a favor de los del Camp Nou. Una adaptación que, por otro lado, tardará poco en ser una realidad. Benzemá ya demuestra que funciona tanto iniciando acción desde dentro del área como combinando por fuera, pero falta solucionar esa irregularidad de Bale cuando actúa por detrás del 9 y que Ronaldo encadene unos partidos viendo puerta como el 9 goleador que debe ser, de área, y no ese extremo que ya no desborda como cuando llegó a Manchester y se adueñó de la banda izquierda de Old Trafford.
El Pizjuán, la visita del Villarreal a Barcelona o los 4 partidos de Champions que se perderá Leo, las grandes finales que el vigente campeón de todo deberá superar para demostrarle al planeta fútbol que sin Leo no se acaba el mundo, sólo se acerca un poco más el fin. Mejorar atrás y no volver a repetir el desastre defensivo de Balaídos, añadido a que Neymar, con más influencia por dentro, y Suárez deberán estar al máximo nivel, serán las claves para lograr una supervivencia que puede disparar a este Barça a partir de enero o hundirlo antes de que acabe el 2015.