¿El fin?

Balón en banda izquierda. Controla, encara al lateral y rompe hacia la frontal. Zapatazo con esa particular folha seca que siempre le ha caracterizado y gol. Bueno, golazo. Imposible dudar de que se trata de la jugada estrella de ese Cristiano Ronaldo que dio sus primeros pasos en Portugal, explotó en Manchester y se consagró en Madrid (aquí ya ha sido más camaleónico) y nunca ha dejado de deleitarnos con actuaciones de lo más determinantes y con acciones a la altura de pocos. Hasta ahora nadie ha dudado de que haya sido uno de los hombres más decisivos por lo que a crear y convertir peligro se refiere pero, ¿ha llegado el momento de cuestionarlo? 


No me atrevo a hacerlo. ¿El motivo? He visto pocos jugadores capaces de cambiar partidos en cuestión de instantes, en segundos, en pocos metros, y Ronaldo es uno de ellos. Rompía en banda, mataba al espacio y no perdonaba de cara a puerta. Es por ello que creo que deberíamos pensárnoslo dos veces antes de criticar a un futbolista que ha llegado a ser tan eficaz. Pese a ello, hay algo de lo que sí podemos dudar. 

Que Cristiano no está bien es un hecho y aquí está el debate. ¿Ya no es el que era? Obvio, los años pasan hasta para los más grandes, pero ese talento innato se debe exprimir hasta el final. Ha perdido potencia, ha perdido velocidad, ha perdido esa chispa que le permitía salir del primer regate y encarar buscando el siguiente, pero para nada pienso que un jugador de su talla haya perdido gol y hambre en el área y Benítez debe benificiarse de ello. Por el bien de un Madrid que andará perdido sin el que ha sido su líder en las últimas temporadas y por el bien de una estrella que logró llegar a estar por encima de todos. O de casi todos. 


¿La solución? Acercarlo al área. De hecho, más que acercarlo, meterlo en ella. Que acabe jugada allí, que reciba cerca de puerta y que a partir de ahora protagonice con balón lo más cerca del portero posible. Es cierto que llevamos dos meses viendo como pocas veces se marcha de su lateral y que, cuando lo hace, se le apaga la bombilla unos metros más adelante. Como consecuencia de ello acaba buscando disparos lejanos que eran eficaces cuando sí lograba llegar antes que el siguiente defensa a una posición óptima de chute pero que ahora ya no inquietan. Un tipo de recurso que ya no le va a funcionar y que demuestra que tanto él, queriendo jugar en un extremo, como el entrenador, se equivocan. 

Sí, es cierto que no es fácil para un equipo estructuralmente tan definido como el Madrid de los últimos años variar la posición de tus jugadores de ataque, pero lo veo necesario. Está claro que, por otro lado, los problemas no son tan graves cuando tienes jugadores de semejante talento. James en banda, Benzemá por detrás del luso, Bale actuando tanto por derecha como por izquierda. Las posibilidades son muchas y, en mi opinión y teniendo en cuenta de que hablamos de algunos de los jugadores individualmente más capacitados del mundo, el rendimiento global no se verá afectado. 


Queda claro que Cristiano necesita un cambio. De lo contrario, el club seguirá teniendo tramos de posesión estéril como ya vimos en Sevilla y le será mucho más difícil generar ocasiones cuando realmente sea necesario crearlas. Y, de lo contrario, perderemos para siempre a uno de los pocos que sin necesitar mucho de los demás te ganaba partidos. Es cierto que ya no volverá a ser ese hábil extremo con recorrido, pero confío plenamente en que volveremos a ver a Cristiano siendo tan decisivo como lo ha sido durante cada curso de su exitosa carrera. El balón está en el tejado de Rafa Benítez y dudo que no quiera lo mejor para los suyos. Ronaldo ya no es un 7, ahora Ronaldo es un 9. 

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