Villarreal y Celta, ''gigantes'' de la otra Liga

La bipolaridad, ese fenómeno que ha marcado la tendencia histórica del fútbol español. Una tendencia que se ha acentuado, con el permiso del Súper Depor, del Valencia de Benítez o del reciente Atlético de Madrid de Simeone, durante las últimas décadas, con Barça y Madrid imponiendo un dominio absoluto. Es cierto que es algo que a muchos ya les va bien y que, por un lado, añade morbo a una rivalidad inigualable, pero competitivamente hace que La Liga pierda. Es por ello que nos gusta que de vez en cuando aparezcan equipos valientes, equipos que se atrevan a plantar cara a los ''gigantes'' y que enamoren pese a sus ''corrientes'' presupuestos. Es por ello que casos como el de Celta y Villarreal embellecen aún más la situación futbolística de España.


Vayamos por partes. Parece que será difícil olvidar el recital del Celta de Berizzo de ese reciente 23 de septiembre ante un Barça que salió apeado de su visita a Balaídos. Brutal actuación aquella, con un trabajo físico y táctico en ese marcaje hombre a hombre por todo el campo que pocas veces había visto a ese nivel. ¿Cosa de un día? Para nada. Los gallegos llevan un inicio de curso descomunalmente meritorio en un estado brillante (son terceros a 3 puntos de los dos grandes) en el que hemos visto reflejado semana tras semana que las cosas funcionan en Vigo. Defensa joven que hasta el momento no ha fallado, centro del campo versátil (con jugadores correosos pero capaces de armar jugada y crear) y una línea ofensiva a la que no voy a atribuir adjetivo alguno. ¿Que por qué? Orellana, Aspas (me está sorprendiendo gratamente; no pensé que pudiera volver a estar tan bien) y Nolito (el hombre a seguir del equipo y de lo mejor del fútbol nacional en estos momentos), vuelven locas a las zagas rivales semana tras semana. Quizás, a parte de su enorme calidad, favorecidos por ese clima que ahora mismo rodea a la plantilla del que dicen que es el sucesor de Bielsa. Quizás, también, porque han tenido suerte cuando más les hizo falta. Puede ser, pero, al menos a mí, me tienen loco. 

Del fútbol directo y valiente que estamos viendo en Balaídos pasamos a una propuesta más pausada y de control pero que igualmente está dando resultados. Llevábamos años viendo al Villarreal jugar grandes partidos a base de cuidar el balón y este inicio de temporada ha significado el boom final. Fuertes tanto en Europa League como en la Liga BBVA, los de Marcelino están más maduros que otros años y han logrado mantener esa inteligencia con esférico que les convertía en equipo a tener en cuenta siempre. Si a eso le sumas que físicamente el centro del campo aguanta y que la frescura de jóvenes como Areola (portero de muchísima proyección al que sigo desde aquel Mundial Sub-20 de Turquía que ganó junto a Pogba y Kondogbia), Nahuel, los Samus, Bailly (va para central de los muy gordos), Bakambu o Baptistao gana partidos, la cosa se pone bonita. Viendo el rendimiento del submarino amarillo ante Sevilla, Bilbao o Atlético queda claro que ha llegado a lo alto de la tabla para no descolgarse y que, sin duda alguna, puede ganar a cualquiera salvando, obviamente, las distancias con Barça y Madrid. Qué ganas de que los blancos o los blaugrana tengan que ir al Madrigal para ver cómo se desenvuelven. 


Estamos, pues, ante dos conjuntos en estado de gracia. Dos conjuntos que ahora mismo son capaces de hacer sonar la campana en cualquier estadio del mundo pero que, lógicamente, no lograrán mantenerse a este nivel durante todo el curso, o al menos eso creo. Unos porque juegan cada tres días, los otros porque ya han dejado ver que dependen mucho de la pólvora de tres jugadores que no siempre estarán como estuvieron ante los de Luis Enrique. Dos equipos que en mayo no estarán en la lucha por el campeonato pero que sí pueden decidirlo con exigentes partidos ante los favoritísimos. Pero da igual. Olvidémonos de mayo y centrémonos en disfrutar del fútbol de dos modestos que parecen gigantes y que ofrecen, jornada tras jornada a sus aficionados, el rendimiento de jugadores que jamás cobrarán 20 millones al año pero que pueden llegar a ser igual de determinantes en equipos de ''la otra Liga'' y que, de hecho, lo están siendo. Porque sus equipos son los líderes de esa otra liga, mucho menos mediática pero probablemente más pura. Les deberíamos felicitar, pues, pero no lo haré. ¿El motivo? Porque prefiero darles las gracias por hacernos disfrutar del otro fútbol, aquél que no sale en los anuncios pero que también nos hace vibrar. 

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