Cada vez que en agosto me preguntaban por el equipo con más posibilidades para llevarse la Premier League 2015/16, yo, sin dudarlo, respondía que creía que iba a ser el año del City. Sterling, De Bruyne y Otamendi me parecían fichajes suficientes para mejorar lo que ya había y lograr, al fin, tener ese plus de superioridad en los días grandes. Estamos a finales de diciembre y se podría decir que los de Pellegrini siguen arriba, sin descolgarse, pero que todavía mantienen ese punto de irregularidad que ha marcado sus últimas campañas. Por delante tienen a un Arsenal que descarté porque para nada imaginaba que Özil y mucho menos Giroud podrían alcanzar el nivel al que están ahora mismo y a un Leicester, dirigido ofensivamente por Mahrez y Vardy, que ni se me pasó por la cabeza incluir entre los 7 o 8 candidatos a la lucha por la zona alta. Queda claro, pues, que hay dos parejas que mandan en Inglaterra y que, en el fútbol, intentar predecir es inútil.
Cuando Alexis Sánchez se lesionó en noviembre de este mismo año y quedó descartado para el último tramo de este 2015, en el Emirates volvieron los fantasmas. La eficacia de Walcott, tanto en banda como cerca del área, había perdido fuerza, Campbell prácticamente no contaba para Wenger y de Wellbeck ya ni hablamos. Parecía que la falta de un referente en ataque iba a pesar tras la lesión del chileno, y más teniendo en cuenta que en Londes todavía esperaban al mejor Giroud, a la versión del Olivier que sí decidía en Montpellier. Creo, de todos modos, que no se estaba teniendo en cuenta un factor clave y determinante. Apareció el mejor Özil, al que tanto temía Pep cuando se enfrentaba al Madrid, y el centro del campo de los Gunners se puso a trabajar al ritmo de un claro candidato a todo. Ahora, Ramsey y Flamini, a la espera de que vuelvan Cazorla y Coquelin, se adueñan de la medular en cada partido para que el bueno de Mesut tenga vía libre para crear. Y qué bien se le da. Con él sí aparece el Giroud más peligroso en el área y el Arsenal se convierte en un equipo al que es difícil superar. Lo que Konscielny, Monreal y Bellerín solucionan atrás, la pareja que forman el alemán y el francés lo convierte arriba. Con ello basta para estar segundos en la liga manteniendo las opciones para llegar vivos a mayo. Ojo con esa eliminatoria ante el Barça.
Hemos hablado del Arsenal pero todavía no hemos recordado que la sorpresa en el fútbol de élite 2015/16 está siendo el Leicester de Ranieri. De ir últimos hace un año a líderes 12 meses después. Nunca vi nada tan radical y los principales culpables de ello en ataque, a parte del entrenador italiano, obviamente, son un marroquí en el que pocos se habían fijado hasta ahora y un delantero inglés que hace unos años jugaba en séptima división inglesa. Juntos, respaldados por un férreo y solidario centro del campo en el que ha destacado Kanté, la están rompiendo. Uno, como Özil, crea. Quizás con una menor visión y capacidad para dominar el juego, el espacio, pero de lo más desequilibrante y hábil con el balón en los pies. El otro no falla. Y es que Jamie lo está convirtiendo todo en gol, superando incluso el brutal e inesperado momento de forma de Giroud. Se trata, sin duda, del otro gran dúo de moda pese a jugar a un fútbol completamente distinto. Mucho más vertical, extremadamente directo, pero exageradamente productivo. Supongo que esto último nadie lo pondrá en duda al ver la tabla: los foxes son primeros, dos puntos por encima de los de Wenger.

Es curioso, pero ya pocos hablan del vigente campeón, el Chelsea, ni del los dos clubes de Manchester. Lo que ahora está de moda son estas dos parejas. Una ha logrado mantener a flote y sin Alexis a un equipo que tantos años después de la generación de Los Invencibles de Henry quiere luchar hasta el final por un título importante. La otra sigue demostrando, semana tras semana, que el fútbol es un deporte mágico, en el que todo puede suceder, y que si combinas el talento indudable y el descomunal momento de forma de algunos de tus jugadores con el trabajo y el sacrificio de otros, las cosas salen.