Comienza el partido y Busquets se sitúa en esa posición de pivote que tantos años lleva dominando. Desde allí lee cada acción mucho antes de que suceda, un don que ahora controla a la perfección y que desarrolló a medida que su figura se agigantaba temporada tras temporada en el fútbol formativo de Can Barça. Guardiola estuvo listo y vio en él algo diferente, algo que podía ser decisivo en su primera aventura como entrenador en un filial joven que lucharía por el ascenso en una categoría en la que la apuesta más vistosa no siempre es la que acaba teniendo premio. Pero funcionó. En parte, gracias a la presencia de un chico que tardaría poco en debutar en Primera. Y es que resulta difícil de olvidar aquel día de septiembre de 2008 en el que, frente al Racing en el Camp Nou, Pep apostó por el de Badia. El equipo no había empezado bien la temporada y era arriesgado confiar en un centrocampista desconocido para la mayoría pero, por lo que dicen, el que no arriesga no gana y Guardiola lo tenía muy claro.
Primeros instantes de partido y el Barça ya busca el dominio del partido a través de cuidar bien el balón. Pases cortos empezando desde atrás, sin prisa y a la espera de que el rival se abra o de que haya opción de romper líneas con algún pase fuerte y al pie. Busquets se ofrece. Es un seguro y todos lo saben. Cuesta verle fallar, incluso cuando varios contrarios le aprietan. Impresiona ver la sangre fría con la que actúa Sergio en situaciones de presión, en jugadas en las que la gran mayoría del resto de futbolistas optarían por despejar o acabarían perdiendo el cuero en una zona del campo en la que un mínimo fallo te puede costar la vida. Pero él es diferente. Puede tocar de primeras o pisarla, fintar y salir en conducción durante escasos segundos hasta tener una nueva opción de entrega. Una garantía tremenda que ya aprovechó el Barça de Guardiola cuando se apostó por el ataque estático que enamoró al mundo entero y que es igual de útil ahora que el juego es más directo.
Los blaugrana no están cómodos. La famosa MSN, esa tripleta cuyas jugadas dan la vuelta al mundo semana tras semana, hoy no parece tener el día y está bien defendida. Posesión sin profundidad y pocas opciones de gol. Pasan los minutos. Por suerte, este Barça, el actual, no es como aquél que reinventó el fútbol con Pep a finales de la década pasada. Es menos brillante, eso sí, pero ha ganado en versatilidad y en alternativa. Antes necesitaba de una jugada colectiva de libro para plantarse en el área con opciones de hacer daño y eso, por muy bien que lo hagas, acaba siendo muy previsible. Cada vez más, los equipos acertaban al defender un ataque que sufría la inexistencia de espacios y eso quemó a muchas de las figuras de aquella plantilla. Creo que, en gran parte, esa fue una de las causas de la marcha de Guardiola y de la incapacidad de adaptarse al nuevo y necesario estilo de muchos nombres que se quedaron por el camino. Busquets también llegó a quemarse con un Tata Martino que no apostaba por variar nada mientras el barco se hundía. Pero el talento se impuso y Busi, al igual que Iniesta o el propio Messi, respiraró con la llegada de Luis Enrique y ese fútbol más agresivo.
Rakitic la pierde en zona de 3/4 y los jugadores más rápidos del conjunto rival salen como motos al espacio esperando recibir un balón que les acerque a ese gol que acabaría de confirmar su gran trabajo en un estadio tan difícil como el barcelonista. Pero ese pase nunca llega. Busquets, segundos, minutos y horas antes ya ha visto cuál será la dirección del cuero y se mueve bien para interceptar. Lo frena todo, da calma y hace un daño tremendo a 11 jugadores que creían que podrían respirar después del asedio. Pero eso no es todo. Levanta la cabeza y golpea en largo en dirección a Messi, que ya espera pegadito a banda. Este envío sí tiene éxito y Leo se queda solo delante de portería. Los defensas, sin opción de corregir nada, pasan en pocos instantes de pensar que podrían descansar durante algunas jugadas a ver a su portero indefenso y con pocas probabilidades de acierto ante la que se le viene encima. Otra prueba más de que Sergio se ha adaptado a lo que el fútbol le ha pedido a su equipo. Y es que antes, pocas veces le veíamos buscar en largo y menos aún con intención de realizar pases decisivos. Pero si el estilo de todo un aspirante a arrasar en Europa cambió, él también. Y lo hizo de maravilla.
Todos sabemos cómo acaba la jugada, no hace falta narrar ese tantas veces repetido final. Lo que está claro y sí debemos destacar es que lo de Busquets es un escándalo y todavía muchos no lo valoran como merece. Su papel queda prácticamente siempre eclipsado por las genialidades de otros nombres necesarios más vistosos y que aparecerán antes que él en vídeos de You Tube. Pero él también es imprescindible. Me atrevo a decir que al mismo nivel aunque pocos aficionados lleven su camiseta en los aledaños del estadio minutos antes de que arranque un partido importante. Porque sin él, y ahora me refiero al Barça pero también a la Selección, ninguno de nosotros habría disfrutado de un fútbol como el que esos bajitos nos han regalado y que, además, vino con premio en forma de trofeos. Por suerte, todavía estamos a tiempo de aprender de él y de recordar que un jugador como éste se ve cada 100 años. Somos unos privilegiados.
Rakitic la pierde en zona de 3/4 y los jugadores más rápidos del conjunto rival salen como motos al espacio esperando recibir un balón que les acerque a ese gol que acabaría de confirmar su gran trabajo en un estadio tan difícil como el barcelonista. Pero ese pase nunca llega. Busquets, segundos, minutos y horas antes ya ha visto cuál será la dirección del cuero y se mueve bien para interceptar. Lo frena todo, da calma y hace un daño tremendo a 11 jugadores que creían que podrían respirar después del asedio. Pero eso no es todo. Levanta la cabeza y golpea en largo en dirección a Messi, que ya espera pegadito a banda. Este envío sí tiene éxito y Leo se queda solo delante de portería. Los defensas, sin opción de corregir nada, pasan en pocos instantes de pensar que podrían descansar durante algunas jugadas a ver a su portero indefenso y con pocas probabilidades de acierto ante la que se le viene encima. Otra prueba más de que Sergio se ha adaptado a lo que el fútbol le ha pedido a su equipo. Y es que antes, pocas veces le veíamos buscar en largo y menos aún con intención de realizar pases decisivos. Pero si el estilo de todo un aspirante a arrasar en Europa cambió, él también. Y lo hizo de maravilla.
Todos sabemos cómo acaba la jugada, no hace falta narrar ese tantas veces repetido final. Lo que está claro y sí debemos destacar es que lo de Busquets es un escándalo y todavía muchos no lo valoran como merece. Su papel queda prácticamente siempre eclipsado por las genialidades de otros nombres necesarios más vistosos y que aparecerán antes que él en vídeos de You Tube. Pero él también es imprescindible. Me atrevo a decir que al mismo nivel aunque pocos aficionados lleven su camiseta en los aledaños del estadio minutos antes de que arranque un partido importante. Porque sin él, y ahora me refiero al Barça pero también a la Selección, ninguno de nosotros habría disfrutado de un fútbol como el que esos bajitos nos han regalado y que, además, vino con premio en forma de trofeos. Por suerte, todavía estamos a tiempo de aprender de él y de recordar que un jugador como éste se ve cada 100 años. Somos unos privilegiados.