Brasil y Serbia. Serbia y Brasil. Las dos selecciones que han logrado llegar al partido vital, a la gran final de un Mundial Sub-20 que, una vez más, nos ha servido de escaparate para ver a algunas de las grandes promesas que triunfarán en el panorama mundial de los próximos años. Los balcánicos, que inicialmente no parecían candidatos a llevarse esta gran competición, buscarán complicarle mucho las cosas a una Brasil que tiene como objetivo llevarse su 6º Mundial de la categoría e igualar a Argentina. Un duelo por todo lo alto.
Pese a que ''la canarinha'' siempre ha sido un país, tradicionalmente, de fútbol atractivo, o al menos lo ha buscado, lo que nos encontramos con este combinado dirigido por Rogerio Micale es curioso. Lo cierto es que los brasileños han tenido problemas para superar a sus dos rivales más potentes en este Mundial (Hungría y Portugal) y han dejado la sensación de que es un equipo al que se le puede ''meter mano''. Han sufrido mucho ante delanteras rápidas y físicas y ofensivamente aún no han demostrado actuar como un bloque difícil de detener. Eso sí, tiene jugadores que individualmente y pese a no ser los mismos (en gran medida) que acostumbraban a ser seleccionados para representar al país hasta esta competición pueden hacer daño si el equipo logra ser el amo y señor del balón. Todas las miradas estarán puestas en hombres como Marlon atrás y de Jajá y Boschilla en acciones de ataque por el centro. Destacar también la presencia del técnico extremo Gabriel Jesús y de Jean Carlos jugando como 9, un joven capaz de asociarse bien com jugadores que llegan de segunda línea pero con problemas para dominar el área. Quizás, por trayectoria en estos últimos años, por esa capacidad individual elevada de la que hablo y porque físicamente llega fresca tras arrasar a Senegal en semis, Brasil puede ser ligeramente favorita. Pero para nada deberían confiarse.
Y no deben confiarse porque enfrente tendrán a la selección más competitiva y rocosa de este Mundial Sub-20. Sorprende ver como Serbia ha llegado hasta esta gran final sin tener dos o tres jugadores técnicamente imparables. El bloque entrenado por Paunovic, físicamente avanzado y capaz de dominar el centro del campo en muchos de los partidos que ha disputado en el torneo sin la necesidad de adueñarse de la posesión de balón, ha sido una de las sensaciones en Nueva Zelanda gracias a un grupo de jugadores que no paran de correr y que van bien al choque. Tácticamente muy trabajada, con una pareja de centrales que hasta ahora se ha impuesto a todas las líneas de ataque rivales, con dos centrocampistas llegadores que hacen daño cuando el equipo tiene el balón (Maksimovic y Sergej) y con un sector atacante que quizás es la parte que más dudas transmite, pues desequilibra en banda pero le cuesta acabar haciendo daño en el área. Así es Serbia, un conjunto que confiará por última vez en Mandic, 9 que suele comenzar los partidos como titular y en Saponjic (habitualmente suplente), otro delantero centro más móvil, justito técnicamente pero que no deja pelear. Porque tanto él, como el resto de sus compañeros, se caracterizan por eso. Correr, chocar y bregar, además de, obviamente, un buen hacer con el balón necesario para estar en una final de esta magnitud.
Para nada imagino un partido en el que alguna de las dos selecciones vaya a mostrar una diferencia abismal sobre el rival. Igualdad y trabajo continuo. Esas serán las claves de una final en la que, en este caso aún más, los favoritismos no servirán para nada. Porque como ya he dicho, individualmente Brasil puede ser más peligrosa pero en estas categorías en las que pocos jugadores son los suficientemente maduros, jugar como equipo y evitar el fallo puede ser vital. Mañana, a partir de las 7 de la mañana aquí en España, de las 5 de la mañana en Auckland descubriremos al nuevo rey de una categoría que ya no es ninguna tontería. Ambos equipos saben que es el último gran paso previo al fútbol de más alto nivel y eso se traducirá en pura intensidad. Una intensidad que hará aún más atractiva el partido de clausura de una Copa del Mundo que ha estado a la altura. ¿Quién precederá a aquella Francia de Pogba y Kondogbia?