No son buenos tiempos para hablar de Siria. Tierra de conflicto, tierra de tristeza y de prácticamente ninguna esperanza. De allí, cada mes huyen miles de personas buscando una oportunidad, un cambio a mejor que haga olvidar el difícil momento que vive un país desgraciadamente presente día tras día en los medios. Por suerte, para algunos el fútbol es más que un balón perseguido por 22 personas vestidas de corto. Son muchos los niños sirios que, rodeados de ese clima catastrófico, ven en el deporte rey una oportunidad para soñar y todo ello es, en parte, gracias al papel en el fútbol de élite alemán de su futbolista más popular: Mahmoud Dahoud.
El jugador que hoy recomiendo que apuntéis en vuestra simbólica libreta nació en ese lugar del que hablábamos hace 20 años y a día de hoy es, creo, de lo más prometedor en la Bundesliga y en toda Europa. No destacó en el sorprendente Gladbach de Favre pero tras la marcha del técnico que metió al otro Borussia en Champions llegó Schubert y todo se volvió de otro color para Dahoud. Se asentó a partir del pasado verano en un centro del campo que dominaban Xhaka y Kramer (un doble pivote que no era ninguna tontería) y en el que ya ha hecho olvidar al que se proclamara campeón del mundo con Löw en el último mundial.
Mahmoud no destaca por su físico. De hecho es un jugador con poca presencia pero del que me sorprende su capacidad para adueñarse del centro del campo a base de inteligencia, de saberse situar y de darle el ritmo al balón que el momento de partido requiere. Y todo ello a tan temprana edad y en una competición en la que sólo los jugadores técnicamente privilegiados se imponen a los físicamente dominantes.
Para aquellos que no le hayan visto jugar, podríamos decir que es una especie de Gündogan. Menos creativo y capaz de asociarse pero más trabajador y hábil con ambas piernas. De hecho, creo que tardaremos poco en verles juntos en la selección germana absoluta (tiene nacionalidad alemana) si sigue con esta progresión que asusta. Un joven que juega como si llevara toda la vida liderando la medular de un equipo importante. Un chico que nació en el mismo lugar en el que hoy miles de niños se evaden de un tremendo sufrimiento soñando con, algún día, hacer lo que Mahmoud hace sobre el terreno de juego.